A María Santísima de la Amargura Coronada.
A ese mes de noviembre que se cuela por Regina, besa el azulejo y se detiene a sus plantas.
Van cayendo de noviembre
Las hojas del calendario.
En veintiuno se han parado
Cual si el tiempo fuera inerme.
Veintiuno de noviembre
Que tu amargura ha bajado
Hasta el suelo de lo humano
Para ir de cerca a quererte.
Gusta el tiempo detenerse
Para besarte la mano.
Qué sola y a ras de suelo
Te ha sorprendido la tarde.
Es tu amargura de Madre
La que sirve de consuelo
A quienes vienen buscando
El calor de tu dulzura.
Lo dulce de tu Amargura
Mi alma va degustando.
A mi altura estás llorando
Sin que mengüe tu hermosura.
Ya son muchos veintiunos
que a esta altura te bajaron.
Ya son muchos besamanos
En que a tus plantas venimos
Siempre sintiéndonos hijos
De tu dolor coronado.
Tiéndenos siempre la mano,
Sé de noviembre el abrigo,
Porque estar siempre contigo
Es el cielo que esperamos.
No es por oro que labrara
Cayetano en su locura
Y al coronar tu hermosura
Segura te colocara.
Lo que a tus plantas celebro
Es la belleza más pura
Que Dios cubrió de amargura
Siendo la madre del Verbo.
En mi júbilo celebro
que estás , Señora, a mi altura.
Cuando de noviembre caigan
Las hojas de calendario,
Cual primoroso rosario
Que al veintiuno me traigan,
Quiero Amargura rogarte
Que el perfil de tu hermosura
me traiga a Ti con premura
Dispuesto a mi amor dejarte
En un beso que robaste,
cautivándome, Amargura.
jueves, 22 de noviembre de 2007
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